lunes, 10 de enero de 2011

El patio del Hospital de Tavera. Toledo.





Para mi este es uno de los espacios más hermosos que se pueden visitar en España. Rotundo y sencillo, este patio provoca serenidad, sobriedad, sosiego. Un juego de luces y sombras que varía mucho según la estación del año en la que se visite. La intensidad del sol provoca que en Verano la retina apenas acierte a mantener la mirada sobre el blanco de las paredes, busque la sombra recortada de las arcos y columnas, a la vez que te empuja a situarte bajo la refrescante penumbra de las arcadas en busca de un alivio del sopor estival cual bálsamo refrescante. En Invierno este contraste queda atenuado, permite apreciar con detalle la pureza de líneas de este nuevo estilo para la época. Alonso de Cobarrubias importaba de Italia un "estilo a la romana". Aires nuevos para la comunidad castellana de la mano del arzobispo Juan Pardo de Tavera, que mandó construirse su gran panteón al igual que se hacía en Italia. Una portada en mármol blanco importada de Génova, nos presenta una iglesia que cobija en el centro, en la mitad un espléndido sepulcro esculpido por un maduro Alonso de Berruguete.
Volviendo al patio, lo que más me interesa es cómo sus elementos delimitan espacio. Casi podemos ver el aire. La repetida sucesión de arcos, su cambio de disposición en cada lateral, la presencia de ese pasillo abierto en el centro, lleno de luz, lleno de sombras... todo hace que podamos apreciar volúmenes bien proporcionados, agradables a la mirada, a la vez que inquietantes. Elementos no simétricos como el pozo, puertas adosadas... aportan un punto de distorsión que provoca curiosidad, despiertan en tu subconsciente preguntas del porqué de su presencia.

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