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martes, 4 de enero de 2011

Triste ruina con encanto en Sevilla.





Un paseo tranquilo. Una tarde sin prisas. El descanso relajado se turba por la presencia entreabierta de una ventana. Algo hermoso se vislumbra pero a la vez te inquieta. El exterior descuidado de una fachada, sus puertas tapiadas... ¿cómo puede ser? No ha sido la primera vez, es otra más de muchas. El olfato curioso y perspicaz te hace intuir dónde se esconden pequeños tesoros escondidos. No es una búsqueda a propósito, pero me imagino que cuando se admiran ciudades, paisajes, casas... a veces te toca encontrarlos en un estado adecuado, otras veces no.
Este edificio merece otra oportunidad. Solo espero que su rehabilitación se realice a la altura de sus posibilidades, conservando al máximo su estructura, sus pinturas... Proporcionarle un futuro nuevo que permita su conservación.
Y para ello también ha de estar vigilante la administración local, en este caso la que corresponda en la ciudad de Sevilla. Sé que no es tarea fácil, complicada en cuanto se habla de estética, pero son estas actuaciones las que nos hacen aprender con errores, corregirlos. Permitir que el trabajo de unos artesanos del pasado, de unos profesionales, aunque hoy sean anónimos, perviva en el futuro.
Aun así, no acierto a comprender cómo se ha podido llegar a esta situación... por mucho que se quiera explicar. Si algo hermoso languidece, se consume, desaparece (en esto no hay vuelta atrás y si culpables) y no se sabe (o se puede) conservar, ha de plantearnos muchas cuestiones, preguntas.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Sevilla. Fusión de estilos.



Romano, árabe, renacentista, barroco... este palacio resume una época, un estilo que conjugaba todo en simbiosis. Sin miedo ni prejuicios.
El afán por descubrir culturas pasadas: romana, que hasta entonces solo eran olvidadas piedras con formas enterradas bajo tierra, carentes de valor artístico y significado); árabe: herencia local de un pasado reciente con esplendor y las nuevas modas llegadas desde el poder en Roma (renacimiento, barroco...), se conjugaban en un espíritu que pretendía rodearse de ambientes y "cosas" bellas.
Este conjunto, el Palacio de Lebrija, que se esconde tras los muros y las rejas de una edificación casi inadvertida entre las angostas calles del centro de Sevilla, nos ofrece la posibilidad de ver detenido en el tiempo aquel espíritu, preguntarnos su valor, su actualidad, su sentido y saber si hemos avanzado mucho desde esa época.