martes, 15 de febrero de 2011

Alejandro cumple años.





Llegó el día.
Una fecha tan señalada había que celebrarla. Alejandro reunió a su familia y seres queridos entorno a una gran mesa para comer. Quería que fueran unas horas inolvidables y para ello la presentación era muy importante.
Tras numerosas llamadas por teléfono en las que decidir la disposición del conjunto, se resolvió en una amplia mesa ancha de un solo tramo, montada para la ocasión. Un gran centro de flores longitudinal, salpicado de piezas de porcelana al gusto del homenajeado y candelabros, presidía este evento.
Unos días antes se había desplazado a Madrid y nos acercamos a la importadora general de flores. Escogimos una variada selección: rosas, tulipanes, astromerias...
Por la mañana comencé a componer este puzzle de color, cortando delicadamente flor a flor, disponiéndolas con naturalidad y aparente sencillez. Descartamos la colocación de bases antiguas en espejo, porque interrumpían la unidad y nos obligaban a elevar las esponjas en las que se insertar los tallos de hojas y flores.
Una de las premisas era que el centro no debía impedir la conversación durante la comida, por lo que la baja altura solo se interrumpía en las copas de las piezas de porcelana, y solo sobresalía con discreción alrededor del centro isabelino central.
La celebración fue de lo más agradable. La impresión conseguida en el hogar familiar fue de sorpresa. Algo especial se celebraba y el esfuerzo merecía la pena... y por mucho que insistáis, tampoco revelaré en esta ocasión el número de velas que tenía la tarta...

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