viernes, 15 de abril de 2011

Reflejos en La Casita del Príncipe.





En las proximidades de El Escorial, en su parte más baja, existe un pequeño palacete, encantador, de un gusto exquisito, diseñado por Juan de Villanueva. Fiel a su estilo clásico, depurado, este recinto daba servicio a los caprichos de una corte que de vez en cuando escapaba de la rigidez de El Escorial y pasaba una tarde de meriendas y conciertos rodeados por un jardín bucólico.
El edificio muestra una planta en T. En el extremo bajo de esa T, rodeado de jardines, se encuentra esta exquisita habitación oval. Desde el exterior, a través de las ventanas, y en un día luminoso día podemos contemplar como los blancos y dorados de las paredes se funden con los verdes y azules del jardín gracias a los reflejos que los mezclan en los vidrios de las ventanas.
Son unas imágenes sugerentes. No son el producto de una manipulación por ordenador. Es una forma sencilla y natural de observar imágenes fundidas que impactan.
Son el fruto de la curiosidad innata en cada uno y que nos empuja a asomarnos a las ventanas en busca de una mirada fugaz, un recuerdo del interior. Aunque para algunos es suficiente, no son comparables a la visita interior donde podrás imaginar esas tardes cortesanas, con múltiples personajes pululando por aquellas habitaciones.
Pero desde luego las imágenes resultan evocadoras.
En una imagen se resume la magia de una intervención arquitectónica acertada fundida con otra intervención paisajística igualmente calculada.

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